INTRODUCCIÓN

En el organismo, el agua constituye el componente más abundante, abarcando aproximadamente un 65% del cuerpo humano. De ahí, que se considere al ser humano, como a cualquier otro ser vivo, una solución acuosa dentro de su propia superficie corporal. La misma se compone de una solución de electrolitos y otros solutos, constituyéndose un nutriente no energético pero indispensable para el correcto funcionamiento del organismo.

El agua se reparte en el cuerpo humano fundamentalmente de dos maneras, el líquido extracelular con el sodio (Na+) como electrolito de mayor concentración y el intracelular con el potasio (K+) como electrolito más concentrado.  Para que todas las funciones del organismo sean posibles, es necesario que exista un equilibrio entre el aporte y la pérdida de agua, denominado balance hídrico.

El balance hídrico, debe su importancia a las propiedades fisicoquímicas del agua, actuando como principal medio de transporte y disolvente universal en el organismo, permitiendo que los procesos vitales y las reacciones bioquímicas se desempeñen de manera natural.  La necesidad de mantener este equilibrio determina todas las adaptaciones celulares a los cambios osmóticos, ya sea a través de ganancia o pérdida de agua o ganancia o pérdida de  sales, al tiempo que un exceso de sales es compensado por el organismo mediante un incremento en la absorción de agua, desempeñando el papel de regulador homeostático de diferentes funciones corporales como son la concentración normal de electrolitos, la función renal, la presión arterial, la concentración de ph y la volemia.

Las diferencias en el agua corporal total entre distintos individuos se deben en gran parte a las variaciones fisiológicas, es decir, en el ser humano su proporción varía con la edad (a menor edad, mayor es la proporción de agua), con el género (en mujeres suele ser menor el porcentaje de agua), con el peso (a mayor contenido adiposo, menor proporción de agua), y de unos órganos a otros (el agua es más abundante en los que muestran mayor actividad metabólica). Esto es debido a la relación existente entre tejido graso y tejido magro, puesto que el músculo contiene agua en un 72% de su peso, mientras que el agua supone sólo un 20-25% del peso de la grasa.

Por consiguiente, el buen rendimiento físico y bienestar del organismo conlleva una ingesta hídrica balanceada entre la pérdida de electrolitos disueltos en el agua y la absorción a través de la dieta, procedente de bebidas, alimentos y agua metabólica resultante de las reacciones químicas que se producen en el organismo. Es así, como los principales mecanismos reguladores son el sistema nervioso central, los aparatos cardiovascular y renal, mediadores endo, para y autocrinos y una compleja serie de interacciones a nivel celular, cuyo objetivo es mantener en condiciones normales la cantidad total de agua del organismo y su distribución entre los diversos compartimentos (intracelular y extracelular). Por otra parte, los medios de consumo y pérdida de agua en el cuerpo humano son la producción de orina, las heces, la sudoración, la evaporación y difusión a través de la respiración y la piel.

Los problemas relacionados con el equilibrio electroquímico incluyen alteraciones en el volumen de líquidos (hipovolemia e hipervolemia), trastornos en su composición, en especial en la concentración de (Na+) sodio (hipo e hipernatremia) y de (K+) potasio (hipokalemia, hiperkalemia) o en la distribución de los mismos (derrames, edemas).

La Deshidratación del deportista

La deshidratación ocurre cuando el cuerpo no tiene suficiente agua y líquidos como es necesario, generando un déficit de agua corporal, producto de una inadecuada e insuficiente ingesta de líquidos, un aumento en la excreción renal o una pérdida descontrolada o anómala provocada por vómitos, diarreas, hiperventilación, actividad física intensa, entre otros.

Durante el ejercicio prolongado, la energía utilizada para la contracción muscular se libera en forma de calor, por consiguiente, el cuerpo humano debe eliminar esa gran cantidad de calor y evitar un excesivo aumento de la temperatura corporal. Esto se consigue, gracias al mecanismo de la evaporación del agua a través de la piel (sudoración). Tratándose de deportistas, las pérdidas hídricas están muy aumentadas, por lo que se incrementan notablemente los requerimientos de agua (5 o 6 veces) por encima de lo normal (Iturriza y cols., 1995).

La pérdida de agua corporal conlleva la eliminación de sales minerales o electrolitos, los cuales son arrastrados por medio del sudor y, que si no se reponen, ocasionan un desbalance de los mismos provocando calambres, fatiga y mareos.

Los síntomas producto de una deshidratación se deben, fundamentalmente, al metabolismo del agua y sus componentes. Puesto que el agua puede atravesar las membranas celulares con gran facilidad y, su movimiento entre compartimentos está determinado por la concentración de sustancias, que producen los fenómenos osmóticos que tienen lugar entre uno y otro lado de la membrana, como la de cada uno de los solutos, que determina la dirección del flujo de cada compuesto.

La osmolaridad mide el desplazamiento de agua (por el número total de solutos) a través de una membrana perfectamente semipermeable, de modo que esta sustancia pasará de la disolución de mayor osmolaridad a la que tenga un valor más bajo. La misma, junto con la tonicidad son las que determinan el gradiente de agua de un compartimento a otro. La tonicidad, por su parte, es un término comparativo que se emplea para describir cómo afecta una solución al volumen celular, en cuanto a expandirse y contraerse, si la tonicidad del medio extracelular es mayor que la del citoplasma, el agua tenderá a entrar a la célula, mientras que si ocurre lo contrario el agua saldrá.

Por consiguiente, Los electrolitos realizan importantes funciones en el organismo, entre las que destacan la función enzimática, el funcionamiento de las membranas celulares, la conducción del impulso nervioso, la actividad cardíaca, la función renal, el almacenamiento del glucógeno y la regulación del equilibrio hídrico. Son reguladores de la osmolaridad del plasma. Además, también intervienen en la transmisión de impulsos por las membranas celulares, en el metabolismo energético, en la regulación del pH y en la estructura del tejido óseo.

Por medio del sudor, el atleta pierde sales y minerales, los cuales deben ser repuestos con suplementos ya que el agua carece de estos componentes. El sodio y el potasio son de los minerales más importantes de reponer en un deportista ya que un desbalance de los mismos, sumado a un ambiente caluroso favorece la sudoración y, por consiguiente, la pérdida de energía (glucosa), consumidos durante el esfuerzo. El sobre esfuerzo y la deficiente reposición de líquidos acelera la fatiga, las lesiones por calor (calambres, síncope), deteriora el rendimiento y destruye las vías de recuperación.

CONCLUSIÓN

La importancia de la reposición de líquidos antes, durante y después del ejercicio radica en su contribución al mantenimiento del volumen plasmático, que controla la homeostasis térmica y cardiovascular, así como la fuente de energía más óptima por el carbohidrato. Los músculos durante el ejercicio, consumen ácidos grasos y glucosa, como principal fuente de energía, mientras que el hígado es el principal amortiguador y regulador de la glucemia y la descomposición de aminoácidos. Igualmente, resulta la mejor estrategia para conservar la salud y el rendimiento deportivo, así como el mejor método preventivo para evitar lesiones.

Se debe considerar que durante la deshidratación, se pierden sustancias, por lo que es de relevante importancia resaltar que, no solamente debemos reponer líquidos, sino también electrolitos, los cuales no se adquieren solamente ingiriendo agua, sino se debe complementar con bebidas energéticas,  que están formuladas con agua y electrolitos, para ayudar a compensar las pérdidas de líquidos y minerales de manera efectiva, al mismo tiempo que suministran un poco de carbohidratos para dar energía adicional durante la actividad física.

Según un informe, del Consejo Superior de Deportes, es recomendable beber antes de la actividad física entre medio litro y un litro de agua, que favorece la regulación de la temperatura corporal y disminuye la percepción de esfuerzo. Por otra parte, según fuentes del Colegio Americano de Medicina Deportiva, el beber agua durante el ejercicio con regularidad (entre 15-20 minutos), repone los fluidos y ayuda a conservar la homeostasis y el buen funcionamiento del organismo. Asimismo, al finalizar las prácticas de ejercicio, se deben tomar entre 450 y 650 mililitros por cada 0,5 kilos de peso perdido.

Otros métodos a tomar en cuenta para la correcta hidratación del atleta son, mantener una rutina de entrenamiento balanceada con una buena dieta de líquidos, al igual que tener en consideración el ambiente en que se desenvuelve el deportista, porque, como se pudo destacar con anterioridad los climas calurosos favorecen la sudoración y la consiguiente pérdida de líquidos y retardan el mecanismo de la sed. Excelentes fuentes de electrolitos en alimentos para añadir a la dieta del atleta son, por su buena fuente de sodio y potasio, la leche; el zumo de naranja y el zumo de tomate es una fuente excelente de sodio y magnesio.

Igualmente, se debe controlar la orina, si la misma es incolora o de color amarillo claro, es signo de una adecuada hidratación. Por el contrario, si la orina es de color amarillo oscuro o ámbar evidencia deshidratación. Por consiguiente, independiente de que usted sea un atleta profesional o que simplemente haga ejercicio por esparcimiento, es importante mantenerse hidratado. “El agua regula la temperatura del cuerpo y lubrica las articulaciones. Ello ayuda a transportar nutrientes para darle energía y mantenerlo saludable. Si no está hidratado, su cuerpo no puede funcionar a su nivel más alto. Puede sentirse cansado, tener calambres musculares, mareos u otros síntomas graves”.

Bibliografía

Herrero, J; González, B; García, D (2003). La Hidratación del Deportista. Revista Digital, Buenos Aires. Extraído el 17 de Noviembre desde http://www.efdeportes.com/efd66/hidrat.htm

Alda, F (2011). Fisiología del agua y los electrolitos. B.log.ia 2.0. Extraído el 17 de Noviembre desde http://b-log-ia20.blogspot.com/2011/10/fisiologia-del-agua-y-los-electrolitos.html

Dra. Herrera, A; Dra. Egea, M; Dra. Martínez. S. Agua, Fluidoterapia y Osmolaridad. Fundación para la formación e investigación Sanitarias de la Región de Murcia. Extraído el 18 de Noviembre desde http://www.ffis.es/volviendoalobasico/tema_1_agua_fluidoterapia_y_osmoralidad.htht

Biblioteca Nacional de Medicina de los EE. UU (2018). Deshidratación. Enciclopedia Médica Medlines plus. Extraído el 19 de Noviembre desde https://medlineplus.gov/spanish/ency/article/000982.htm

Roca, E. ¿Qué es el balance hídrico y por qué es clave en el deporte? Nalgene. Extraído el 19 de Noviembre desde http://www.nalgeneiberia.com/deporte/balance-hidrico-deporte/

Sonteras, A (2014). La hidratación del deportista: agua pero también…bebidas isotónicas. Revista Digital EFE Salud. Extraído el 19 de Noviembre desde https://www.efesalud.com/la-hidratacion-del-deportista-agua-y-bebidas-isotonicas/

American Academy of Family Physicians (2017). Atletas: la importancia de una buena hidratación. Extraído el 22 de Noviembre desde https://es.familydoctor.org/atletas-la-importancia-de-una-buena-hidratacion

 

Autor:

Bárbara Flores Matamoros

Licenciada en Fisioterapia

Diplomado en Fisiología y Clínica del Ejercicio

Diplomado en Fisiología y Patología Neuromuscular

Venezuela

@physio_relief

@sabinaflores94ft